México vive semanas de incertidumbre ante los continuos dardos arancelarios de EE UU, que amenazan con reducir el flujo de importaciones mexicanas y la inversión extranjera directa.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha hecho de los aranceles su arma predilecta para ganar terreno en distintas trincheras. El mundo asiste, en tiempo real, a una andanada de amagos comerciales por parte del republicano contra socios y no socios, firmando un día sí y otro también órdenes ejecutivas arancelarias a aplicarse en los próximos días. En el caso de México, el tiempo vence en marzo próximo. En los primeros días del próximo mes, la Casa Blanca prevé imponer un arancel generalizado del 25% sobre todas las importaciones mexicanas y un 25% de arancel sobre el hierro y el acero. El republicano usa los aranceles para obtener concesiones políticas en materia de inmigración y tráfico de drogas. Además, de un arma política, el amago de nuevas tarifas ha servido como palanca para intentar recapturar el músculo productivo de EE UU en áreas estratégicas como la automotriz, aeroespacial y tecnológica.